Reconocer y equilibrar mis emociones

¿Cómo me siento en este momento?, ¿puedo describirlo?. ¿Qué pasa conmigo al sentir esto que siento?. Preguntas que nos dan la oportunidad de hacernos cargo de la situación que nos está sucediendo, ya sean emociones que denomino displacenteras (rabia, miedo o dolor emocional), o darle su justo espacio a nuestra emoción placentera: la alegría

En cada momento que vivenciamos, tenemos la oportunidad de volver a elegir -como dice Julio Bevione-, a hacer las cosas de manera diferente a como las habíamos hecho antes. Para ello, se hace necesario tener un contacto refinado con nosotros mismos, que comienza por el reconocimiento de lo que nos pasa y desde allí, mirar cómo vamos a poner esa energía al servicio de nuestro propio bienestar y al de los que nos rodean.

 

En “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carol, ella le pregunta al gato:

¿Le gustaría indicarme qué camino debo tomar para salir de aquí?.

Eso depende en gran medida del lugar a donde quiera ir – le respondió el gato.

No me preocupa mucho a donde ir – dice Alicia.

En ese caso, ¡poco importa el camino! – replica el gato.

 

Si el contacto conmigo mismo es mi próxima meta, el camino comienza cuando tomo esa decisión y continúa con la gestión de los cambios que quiero ver más adelante: haciendo consciente mis fortalezas, considerando a mis compañeros de viaje, tomando el aprendizaje que me brindan los desafíos que iré encontrando. Cada paso me llevará con éxito a ese preciado encuentro interior.

Experimentaremos una realidad agradable y no un viaje tortuoso, si nos encargamos de nuestras emociones, nuestros pensamientos y nos responsabilizarnos por lo que hacemos, sin recurrir al drama acostumbrado, de manera que estas actitudes se conviertan en facilitadores de nuestro cambio y no en obstáculos.

En la genética de los seres humanos aún está grabada la reacción de la supervivencia. Esto nos ha favorecido en la capacidad de adaptarnos a nuevas circunstancias y en nuestra propia evolución. Vamos a darle cada vez más valor a esa capacidad natural que se ha alineado en nuestro beneficio.

 

¿Y qué dice nuestro cuerpo sobre eso de entrar en contacto con las emociones?

Es en el cuerpo donde nuestra vida se hace tangible y en el que se influye radicalmente en nuestro BIENestar o MALestar. Él mismo nos muestra que es del presente, ya que no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Es nuestra mente la que ha aprendido a viajar sin ponerle atención a nuestras emociones y sensaciones, trayendo continua y automáticamente al presente, recuerdos de lo que ya pasó o suposiciones de lo que podría ser. Si queremos hacerlo distinto, tenemos que entrar en contacto pleno con el presente para liberar la angustia de ese viaje del pasado al futuro que realizamos sin control. Esa consciencia se puede alcanzar prestándole atención a cómo las emociones se van manifestando en el cuerpo. Son los sentidos quienes captan el momento presente y nos ponen en contacto con las emociones que se manifiestan en lo que nos sucede.

¡Vamos a hacerlo! Cada uno de nosotros, encontrará su propia forma.

 

Equilibrar antes de expresar

Las emociones influyen sobre nuestro razonamiento, frente a las situaciones desafiantes que experimentamos y así, sobre las decisiones que tomamos.

Cuando la emoción y la consciencia están desconectadas, somos pocos fluidos, impulsivos y tendemos a tomar decisiones que comprometen nuestro bienestar.

Cuando se presente una nueva situación que nos movilice, intentemos no prestar atención a las respuestas aprendidas e impulsivas que vengan de la cabeza. Vamos a acoger con agradecimiento el cambio ocurrido y observar la resonancia que experimenta nuestro cuerpo, sin razonar, sólo identificando lo que se siente. Luego, les invito a que relajemos la mandíbula como una sutil acción que ejercita nuestra pacificación emocional.

Imagínate, que con sólo el reconocimiento de nuestras emociones y pequeños ajustes que vayamos haciendo de nuestros comportamientos, nuestra sensación de libertad es mayor. Y eso el cuerpo lo agradece, porque hasta se come mejor cuando se es más libre.

Si ves oportuno hacer un revisión de tus emociones y pensamientos repetitivos, una excelente alternativa es buscar acompañamiento. De hecho, así como vamos al gimnasio para poner en forma nuestro cuerpo, entrenar con un profesional para que nuestros pensamientos, sentimientos y emociones se liberen adecuadamente, nos facilitará la tranquilidad interior que merecemos.

 

Por: Gladys Salazar
Addhara Bienestar Corporativo
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